Así empieza “Patas Arriba – Aventuras de una emigrante española en Berlín”

Siempre me he sentido extranjera. Me sentí extranjera en el lugar en el que nací y en el que me crié. Emigrar me sirvió, entre otras cosas, para serlo por fin de manera oficial, con todas las de la ley.

Hoy en día no percibo este sentimiento como algo bueno ni malo, sino simplemente raro. En realidad, la distancia me ha ayudado a verlo como algo incluso lógico. A 3.000 kilómetros de mi tierra todo esto ha cobrado un nuevo significado.

Digo mi tierra porque tengo muy claro de dónde soy, aunque mi carnet de identidad no lo refleje. ¡Ah! La identidad… la identidad… Cuando una es extranjera, la identidad se comporta a veces como esa pareja de baile que piensas que es ideal para ti pero que siempre acaba bailando con otra. La persigues, la observas, la admiras y anhelas el momento en el que podrás abrazarte a ella. Tras conseguirlo y alcanzar a dar tres o cuatro pasos de baile, surge una química perfecta, pero a continuación da un flamante giro con el que consigue zafarse de tus brazos alejándose mientras danza alegremente. ¡Vaya! Pues no, ésta tampoco era la definitiva -piensas.

Por suerte, hay más pistas de baile donde poder encontrar nueva pareja. Por fortuna, hay otros lugares por explorar y mucho de uno mismo que descubrir en ellos.

¿Quieres saber cómo sigue?

¡El 5 de enero lo podrás descubrir!

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¡Continuará!



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