Por qué debes cantar (aunque sea «malamente») PARTE I

Mucho se ha hablado, se habla y hablará de las virtudes de la música y de sus beneficios para la salud. Y no sólo la mental. El cuerpo, por varios motivos, se ve afectado (en el sentido más positivo del término) por la práctica musical, siempre y cuando ésta se desarrolle de una forma «correcta». Si bien tendría que determinar en este punto a qué me refiero con correcta, me gustaría dar un pequeño salto y centrarme en el canto y sus efectos en el organismo, y trasladar el término «correcto» a la emisión vocal para terminar hilándolo con el título de esta entrada: ¿Por qué debes cantar aunque sea malamente? Me tengo que explicar bien. Y como lo quiero hacer de la forma más detallada posible, lo haré por capítulos. ¡Empecemos!

Para ver qué pasa literalmente en el cuerpo al cantar, la Clínica Universitaria de Friburgo realizó una resonancia magnética al cantante de ópera Michael Volle durante la interpretación de una pieza de Wagner. Éste fue el resultado:

Cierto es que la técnica vocal para cantar ópera dista de la técnica del canto moderno. Pero en común tienen que tanto la lengua, la laringe, el paladar blando y campanilla (entre otros) intervienen activamente en la fonación. Por supuesto, la clave de la producción del sonido está en las cuerdas vocales, pero en esta imagen no se puede apreciar cómo intervienen.

Así que, al ver esto, te puedes hacer una idea de la cantidad de movimientos internos que se producen en la parte alta del aparato fonador al cantar.

En el siguiente vídeo, Tyley Ross nos lo pone aún más fácil y muestra cómo se mueven de maneras distintas la lengua, el paladar blando y la laringe en cuatro estilos vocales diferentes:

Para hacernos una idea de qué sucede en los pulmones, he encontrado este vídeo en los que se muestra un escáner de esa zona y lo que ocurre al tocar un instrumento de viento (trompeta, saxofón, etc.), ejemplo que para lo que nos atañe, la voz, sirve bastante, pues hay muchos paralelismos entre la forma de respirar al cantar y al tocar una trompeta.

Se ve muy bien cómo al inspirar el diafragma se relaja y aplana, baja, para luego ir subiendo al emitir el sonido y, por ende, al ir expulsando el aire. Cuanto más larga es la emisión (en el toque o en el canto), más se curva y sube el diafragma. Además, los músculos laterales de la pared abdominal empujan los órganos abdominales hacia arriba. Se ven también las diferencias entre la expulsión de aire (emisión de sonido) rápida y más lenta y ligada (legato).

Visto todo lo que se «menea» nuestro cuerpo por dentro al emitir sonidos, lo cual ya es muy positivo para el organismo, veamos en qué nos beneficia visiblemente (sin necesidad de escáneres) el ejercicio de cantar.

Nunca llego a presumir de ello porque soy hipocondríaca y no quiero tentar a la suerte, pero desde que empecé a cantar profesionalmente hace más de catorce años, dejé de padecer de anginas. Yo solía tener infección de garganta unas dos veces al año de media. Al empezar a cantar nunca me volvió a pasar. ¿Coincidencia? ¡Descúbrelo en el próximo capítulo!

Lee AQUÍ el siguiente capítulo: «Por qué debes cantar (aunque sea «malamente») PARTE II»

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