Por qué debes cantar (aunque sea “malamente”) PARTE II

De que había dejado de padecer anginas desde que empecé a cantar (tal y como adelanté en el capítulo I de esta serie), me fijé pasado un tiempo. Unos años después caí en la cuenta de que había dejado de visitar al médico de urgencias para que me pincharan la dichosa penicilina (llegaba a tener fiebres muy altas) dos veces al año de media. ¿Qué había pasado? ¿Qué había obrado el milagro? ¿Era, quizás, porque había empezado a cantar de forma profesional? O lo que es lo mismo, ¿que empecé a practicar de manera continuada?

Las cuerdas vocales empezaron a estar en movimiento más a menudo, pero no de cualquier forma, de una manera muy concreta y necesaria para la correcta emisión del canto. Esto, junto a todos los demás «movimientos» y acciones que entran en juego al cantar, tenía que tener algo que ver. Mi cuerpo estaba reaccionando ¡y de qué manera!

Varios estudios científicos ya han demostrado a día de hoy que entre los beneficios de cantar se encuentran:

  • La liberación de oxitocina en el organismo (también conocida como la hormona de la felicidad).
  • Mejora la capacidad pulmonar.
  • Mejora la salud cardiovascular.
  • Mitiga el dolor.
  • Mejora del ánimo.

Por último: existen evidencias científicas de que cantar fortalece el sistema inmune, al provocar una bajada en los niveles de la hormona del estrés (cortisol) y potenciar el anticuerpo de la Inmunoglobulina A. Y creo que es este último punto el que tiene una relación directa con lo que cuento acerca de mis anginas. ¿Por qué?
Porque la inmunoglobulina A es la clase predominante de anticuerpo en las secreciones de las mucosas del organismo como saliva y secreciones respiratorias, entre otras. Evita que los patógenos invasores (virus y bacterias) penetren en el plasma, actuando como una barrera protectora; se une a los antígenos patógenos e impide que se instalen en las mucosas. (Fuente: Wikipedia)

¡BOOOOOM!

A nivel psicológico o emocional, los beneficios del canto no se quedan atrás.

Te invito a que veas éste vídeo y descubras en qué les ha ayudado cantar (en este caso en un coro) a todas las personas que aparecen dando su testimonio.

Pncha en este enlace para ver el vídeo:
https://www.bbc.com/ideas/videos/what-happens-inside-us-when-we-sing/p071g6gs?playlist=how-it-feels-to-be-human

Cuando cantamos, se ve cómo somos, sin trampa ni cartón. Si te encuentras decaído o vulnerable, cantar delante de gente puede convertirse en una pesadilla. Pero si puedes sobreponerte a ese miedo cantando en un ambiente en el que te sientas a salvo, como un coro, podrás superar ese abatimiento.

Además, la música tiene acceso a partes de tu cerebro a las que ni siquiera otras actividades similiares pueden llegar. Crea, a su vez, conexiones entre ambos lados del cerebro. La música en general y en especial el canto te «enciende» literalmente el cerebro.

Así que cuando afirmo que debes cantar, aunque sea «malamente», me refiero a que será bueno para ti a muchísimos niveles, independientemente de que lo hagas más o menos afinado/a, con mejor o peor sentido del ritmo, vocalizando bien o regular. Lo importante es cantar. Porque al hacerlo de forma regular tú mismo/a te darás cuenta de que querrás ir mejorando la técnica. Si desconoces ésta última, ponte a ello, poco a poco, pero entretanto, mientras no grites ni fuerces la voz y te dejes guiar por tu instinto… ¡adelante! ¡Canta!

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Lée AQUÍ el último capítulo de esta serie: «Por qué debes cantar (aunque sea «malamente») PARTE III»

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